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Mañana mi tren llegara sobre las nueve de la noche. ¿Estarás ahí?
- Pues claro que estaré, un beso.
Colgó y se paro a pensar en las enormes ganas que tenia de verla. Desde que su empresa le trasladó provisionalmente a la otra punta del país, ni tan siquiera había podido ir un fin de semana a su ciudad a ver a su novia, y ahora lo deseaba más que nunca. mañana seria la gran cita.
Se acostó pensando en ello y durmió plácidamente.
El tren se acercaba ya a la estación, entre las sobras pudo ver las vidrieras tan características del anden principal.
- Por fin la veré, por fin vuelvo a casa, solo será un fin de semana pero pienso no separarme de ella ni un instante.
Bajo rápidamente del tren, encendió un cigarrillo, tomó la maleta y se apresuro por llegar al final del anden, tratando desde lejos vislumbrar la figura de ella.
Allí, a escasos cincuenta metros, se encontraba ella. lucia un corto vestido de tirantes de color negro que resaltaba su espléndida figura. sus negros cabellos se movían por el aire, y a los pocos pasos, pudo contemplar su blanca sonrisa.
Se fundieron en un largo abrazo sin palabras, ella le besó como nunca lo había hecho antes, lo que le sorprendió bastante, nunca fue excesivamente fogosa pero hoy notaba un brillo especial en su mirada. Seria la distancia, pensó, pero algo le hacia presagiar un largo fin de semana de amor sin fin.
Se dirigieron a tomar un taxi, mientras este cruzaba la ciudad, ella no paro ni un momento de abrazarle y besarle, parecía otra. Estaba gratamente sorprendido.
Al llegar a casa de ella, le esperaba una mesa con un mantel de hilo en color salmón, las servilletas elegantemente plegadas sobre la mesa, una cristalería de bohemia que el mismo le regalo unos años atrás y dos velas sobre sendos candelabros de plata, como de plata eran también los repujados cubiertos.
Como sorpresa final, su plato preferido regado por un excelente crianza de Rueda su vino favorito.
Se besaron, se abrazaron y cenaron casi sin separar sus manos.
Al terminar el café, se sirvieron una copa y bailaron a la ya tenue luz de las velas. Una de ellas se apago y antes de que la otra le siguiera, ella le miro fijamente con una mirada hasta entonces para el desconocida. tomó un tirante de su vestido lo dejo caer y cuando repitió con el otro, el vestido cayo cual pluma sobre el parquet.
Casi se desmayo cuando vio una minúscula ropa interior en un tono vino, que apenas contenía sus encantos. La abrazo, se besaron con pasión y ella le arrastró al dormitorio.
En el dormitorio, una única luz azul hacia parecer la estancia como un templo egipcio, realizado por los más exquisitos artesanos eunucos de aquel lejano país, en un lejano tiempo exclusivamente para aquella noche.
Hicieron el amor con una pasión desmesurada, jamás la había visto así de ardiente. Tumbado sin apenas control de sí mismo, y con ella sobre él, poseyéndolo como jamás lo había hecho.
Como todas las cosas aquello se acabo, y con la sensación que no le quedaban fuerzas para moverse cerró los ojos. Ella seguía sobre él respirando aun fuertemente y con el pulso agitado.
De repente, ella se le abalanzó de nuevo y pudo notar como su lengua le recorría la cara de la barbilla a la frente una vez y otra y otra, abrió los ojos y vio sus negros ojos clavados en los suyos.
- Joder boby te tengo dicho que no subas a la cama, quita de ahí
Aparto al bobtail de su pecho y miro el reloj
- las 6"30 el primer tren sale dentro de una hora debo apresurarme.
19/02/02
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