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Era una mañana de Domingo como cualquier otro, solo que muy soleado para ser el mes de mayo.
A los mediterráneos nos gusta aprovechar cualquier día soleado, así que decidimos dar un paseo junto a nuestra hija por el paseo marítimo.
Allí la estampa era la lógica por el clima gente paseando, otros en bicicleta, parejas de novios, matrimonios con niños etc.
Incluso algunos se adelantaban al verano disfrutando de un primer baño de sol.
Dado el avanzado estado gestacional de mi mujer, decidimos hacer un alto en el paseo y nos sentamos en el borde de piedra que limita el paseo con la arena de la playa. Mi hija se bajo a jugar a la arena y mi mujer se apoyo en mi hombro
Saque mi pipa y la encendí mientras mi mirada se perdía en el horizonte
El cuadro, ya de por sí idílico, se convirtió en un momento muy especial, cuando oí a alguien cantar un viejo tango de Gardel que hacia más de veinte años que no había vuelto a oír.
Al girarme para ver quien cantaba pude ver a un hombre muy mayor ciego y sentado en una silla de ruedas. Una joven le acompañaba y me sonrió al ver que miraba al viejo
A los pocos minutos, el viejo dejo de cantar y nosotros emprendimos el paseo
- Un momento le dije a mi mujer
Y me acerque el viejo le tome del brazo y le dije al oído:
- Gracias.
Cuando me disponía a explicarle el porque de mi agradecimiento el viejo me miro con sus vacíos ojos y me dijo:
No he podido verle porque como ve soy ciego, pero el olor de su tabaco me llevo a un tiempo y un país donde fui inmensamente feliz, sé que usted me oyó cantar y algo le debió de recordar mi canción, pero si alguien debe de dar las gracias es este pobre viejo a usted y su tabaco.
Para que luego me digan que fumar perjudica, es posible que al cuerpo, pero en aquel momento beneficio a dos almas la del viejo y la mía.
18/08/02
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